L'ESPIGA D'OR - Jordi Morera Baker

 

Por un registro sobre un pago de impuestos, archivado en el Archivo Comarcal del Garraf, sabemos que l’Espiga d’Or fue fundada en 1888, en las estrechas callejuelas del casco antiguo de Vilanova i la Geltrú. A la panadería se la conocía también por el nombre de su dueña, mi visabuela Genoveva, una mujer con carácter y fuerte personalidad, y de la que aún guardamos las libretas de encargos i notas pendientes, de principios del siglos pasado. Vale la pena apuntar que la tradición panadera familiar se remonta más generaciones atrás, pues Genoveva y su marido Josep aprendieron el oficio de sus padres, pero por desgrácia no tenemos constáncia escrita de ello.

En aquellos tiempos, con la Exposición Universal de Barcelona como gran acontecimiento social y económico del momento, el de panadero era un oficio primordial para la sociedad, pero al mismo tiempo muy duro y esclavo. El relevo generacional llegó de la mano de Toneta y Joan, mis visabuelos. Ellos sufrieron, de igual manera que mis queridos abuelos Alberta i Joan, de los que aún guardo algún recuerdo sentados en los viejos taburetes de la antigua panadería, períodos extremadamente convulsos, con guerras civiles, dictaduras, y sobretodo mucha, mucha penúria. Con eso, y una escasedad de alimentos y harinas contínua, en la antigua casa de la calle Comercio 17, seguía siendo protagonista, noche tras noche, la ancestral comunión del agua, harina, y fuego.

Mis padres, Jordi i Rosa, en los 80’s y 90’s, en pleno crecimiento de la gran indústria del pan congelador, se hicieron fuertes mantieniéndose en la calidad y renunciando a la cantidad por la cantidad. L’Espiga d’Or se consolidó como referéncia del oficio más puramente artesano en todo el territorio. Para llegar a la crecinte poblacion vilanovina, mis padres abrieron 4 tiendas más por la ciudad, entre las cuales destacamos la antigua panadería de la plaza Soler i Gustems nº10, que más tarde se transformaría en el epicentro de nuestro trabajo artesano, después de restaurar el antiguo horno de leña de la guerra civil.

Para definirn la visión que tenemos de la panadería, Anna, mi pareja, y yo, podemos decir que la entendemos como una panadería moderna, asentada sobre los cimientos del oficio más acenstral. Hoy nos abrimos a harinas y panes de todo el mundo, a procesos que nuestros abuelos ni conocían, pero que los antiguos panaderos de otros países utilizaban des de hace siglos. Estamos inventando muy poco, pero estamos redescubriendo a pasos agigantados. Eso sí, seguimos queriendo este oficio con las mismas herramientas que mi padre o mi visabuelo; La cabeza, las manos, el corazón, y el fuego.

 

Ubicaciones:

L'Espiga d'Or - Jordi Morera
L'Espiga d'or - Jordi Morera
L'Espiga d'Or - Jordi Morera

 

Jordi Morera Baker - L'Epiga D' Or - Cultura del pa
Fachada de la antigua tienda (1954), el niño que aparece en la fotografía es mi padre, junto a el Alberta, mi abuela. Como curiosidad, podemos observar el cartel de la tienda en castellano, al igual que el de ‘pan de viena’. También vemos unos panecillos para los más pequeños, en formas divertidas, como tijeras y bastones. Estas piezas son un ejemplo de los primeros panes que pudieron hacer los panaderos más allá del pan común (lo que estaba regulado por el gobierno). Un lujo para aquella época.

 

Jordi Morera Baker - L'Epiga D' Or - Cultura del pa
Fotografía tomada en 1936. Este horno es el ‘padre’ de el actual, se construyó al estallar la guerra civil, y era de 4 metros, con una escopeta de fuego directo.

 

Jordi Morera Baker - L'Epiga D' Or - Cultura del pa
Foto de los años 70 aprox. Nos muestra cómo se trasladaba el pan seco de la panadería a las granjas y masías, para alimentar a los animales. El pan nunca se tira!

 

Jordi Morera Baker - L'Epiga D' Or - Cultura del pa
Fotografía tomada en la década de los 50. El niño de la foto, mi padre Jordi, posando con un bodegón de los clásicos rollos de Pascua, y con las primeras monas de chocolate que se hicieron.

 

Jordi Morera Baker - L'Epiga D' Or - Cultura del pa
Fotografía tomada en la década de los 50, del antiguo obrador. Podemos apreciar una gran máquina de amasar helicoidal ‘Saus’, de amasados ​​muy lentos (más de media hora), y la clásica artesa de madera, que tiene unas latas con bastoncillos de pan por encima, y donde se vuelca la masa de la amasadora, para que reposara y se empezara después a dividirla.

 

Jordi Morera Baker
2014 – Jordi Morera – La 5ta. generación de panaderos en acción.